La policía, los buenos muchachos y los inquilinos de la mente.
Se tiene la creencia, tal vez generalizada, que indica que los policías son malas personas y también se cree que no están bien preparados para realizar su trabajo; es que tenemos que hacer comparaciones muy injustas, cualquiera que en algún momento de su vida se ha topado con CSI, frist 48, la ley y el orden, entre otros programas de género policial y haya sido atracado a las 7 a.m. dentro de su casa (lo amararon con la pita que envolvía las hayacas) espera que un agente representando la ley al menos se digne a tomar las impresiones que sobre las hojas de vijao dejaron los asaltantes, pero no, si aparecen hacen una escaramuza con sus radios, requisan a par de transeúntes con chanclas o gorra , toman la declaración en una libretica desgastada con un lápiz masticado hasta la mitad, dan algunos consejos (nunca falta el de “cierren bien las puertas”) y hasta luego, criminalística platanera, ni un ápice del despliegue al que nos tiene malacostumbrados la televisión por cable. No...