La policía, los buenos muchachos y los inquilinos de la mente.
Se tiene la creencia, tal vez generalizada, que indica que los policías son malas personas y también se cree que no están bien preparados para realizar su trabajo; es que tenemos que hacer comparaciones muy injustas, cualquiera que en algún momento de su vida se ha topado con CSI, frist 48, la ley y el orden, entre otros programas de género policial y haya sido atracado a las 7 a.m. dentro de su casa (lo amararon con la pita que envolvía las hayacas) espera que un agente representando la ley al menos se digne a tomar las impresiones que sobre las hojas de vijao dejaron los asaltantes, pero no, si aparecen hacen una escaramuza con sus radios, requisan a par de transeúntes con chanclas o gorra , toman la declaración en una libretica desgastada con un lápiz masticado hasta la mitad, dan algunos consejos (nunca falta el de “cierren bien las puertas”) y hasta luego, criminalística platanera, ni un ápice del despliegue al que nos tiene malacostumbrados la televisión por cable. No todo es malo, un amigo me conto una película diferente:
Me encontraba trabajando, dándole con un mazo a una pared de una casa que remodelábamos, a los días de estar en el cuento, atracaron a una buseta dos cuadras abajo, me azare, era nuevo en el barrio, empiezo a llegar temprano para salir igual, a la semana, otra buseta, limpiaron a los 14 pasajeros, en el mismo lugar del atraco anterior, ya uno andaba prevenido y en la juega, a los 15 días, la algarabía nos empujo a la terraza , pillamos a los delincuentes mientras se esparcían y también pillamos a la policía, específicamente a un grupo de operaciones especiales de la policía que recibían arengas de los vecinos que señalaban las rutas de escape, revisaban la maleza utilizando al tubo para apartar las ramas, se metían en los callejones y sin comerle a nada metían el pique detrás del malandro, atrapan a uno y lo encuellan, lo apercollan , lo insultan y lo hacen escupir delatando a sus compinches. La gente se apresura a rodear el espectáculo y nosotros también y así redonditos, caímos en manos de la ley, nos radiaron la cedula y como el que nada debe, todos se hacían los sanos incluyendo a los amigos del apercollado que se arrimaron curiosos y no vieron a los atracados que al llegar los señalaron, esa tarde cayeron 7 del combo de ñaño, verifican los nombre y apodos de los detenidos, ñaño no está, el comandante del operativo señala al más blandito y se lo entrega a un par de subalternos, uno de ellos frustrado por no poder asistir al quince años de la hija, empieza a rastrillar al muchacho que después de 10 minutos y haberse cagado en los pantalones, vomita todo , me abro de la zona y al día siguiente el ñaño aparece en primera plana, “desarticulada banda de supuestos atracadores”.
Cuando uno ve a un policía, 1.90 m de altura, fornido, al menos 2 armas sin incluir la navaja en la bota, pañoleta con calavera, uniforme a la medida, gafas oscuras, guantes, granadas, entre otros artefactos rambolescos, existe una seria posibilidad de estar mirando a una persona dispuesta a hacer caer sobre la humanidad de cualquiera todo el peso de la ley con ñapa incluida, un buen muchacho.
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