El vacío del comandante Euclides.

El acercamiento del comandante a sus tropas fue inversamente proporcional a las probabilidades de ganar la guerra. Estando al límite se requerían fuerzas exponenciales integradas y en función continua, conocía a fondo la topología del enemigo. Desarrolló operaciones multivariables y en el afán de tender al infinito derivó en una curva descendente. Coordenadas bipolares, números imaginarios, raíces cuadráticas, lo intentaba todo.
A las figuras aleatorias con las que resolvía elevar la potencia, les faltaba algo, la constante se hacia notable, era una matriz algebraica y requería el calculo de factores complejos. El comandante debía alinear las ideas paralelas y abscisas interceptándolas desde oblicuángulos, pero encontró que eran disjuntas, incluso planteaban una incógnita. Inmerso en una ecuación trascendente se dispuso a racionalizar desde un ortocentro hiperbólico en donde las cuestiones que fueran relativas también fueran absolutas y conmutativas. El resultado empezó a cambiar, descubrió que en binomio la lucha era más coeficiente y que en trinomio, perfecta. El plano, la línea y el punto, entraron a formar parte del conjunto universal al que pertenecía hasta ese momento el vacío del comandante Euclides.

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