La tragedia del despardillo y el escalofrió de doña Teresa.


Doña Teresa tuvo que subir a Atalaya y cuando quiso devolverse era tarde en la noche. Caminó hasta la autopista y le sacó la mano al primer carro que pasó, 19 de febrero de 1988, Adentro 3 monjas y un señor . Teresa le informa al conductor que es una mujer al frente de una familia, el señor responde : - ¿Una señora con marido anda a estas horas en la calle? – No tengo marido pero tengo tres hijos y cuido a mi mama. Dijo en el afán por la piedad.
Sobre la vía hacia al Zulia y ya en confianza, doña Teresa comenta el motivo de su viaje: Era el noveno día del velorio de su ahijado. Lo mataron, con 16 años. – Dios lo tenga en su gloria. y , mientras las monjas acompañaban con avemarías purísimas y todo volvió al silencio, el señor quitó los ojos de la vía y los puso en los ojos de ella
 -Como se llama usted? Donde vive?
- Soy Teresa de Campo Alicia.
- Es lejos?
- a 4 horas desde el Zulia, es un paraíso.
- Un Paraíso?
- Si, lo invito a ir cuando quiera.
Llegando al Zulia doña Teresa pide la parada y se despide preguntando el nombre:
-Me llamo Horacio Olave, voy a posesionarme como Obispo de Tibu. Un día de estos voy a Campo Alicia, a ver si es un paraíso.
Se dan la mano y se bendicen mutuamente.
Después del medio día del 17 de marzo de 1988, un sonido zangoloteó los techos y la calma, explosiones y bolas de fuego rodaban por la cuesta del cerro que da sombra a Campo Alicia. Fue tanto el miedo que la gente no corría, se habían resignando, pensaron que era el fin del mundo, y si, lo fue, pero no para ellos.
Minutos después de despegar de la pista N° 33 rumbo a Cartagena de Indias los 7 tripulantes y 136 pasajeros perdieron el contacto con la vida, nunca se pensó que los 1933 metros del Espardillo podían ser un obstáculo para un avión 727 que había decolado a 25 kilometros al noreste del aeropuerto Camilo Daza.
Algunos habitantes de la zona se organizaron para subir al cerro, solo encontraron el cuerpo intacto de una niña. Los familiares de los difuntos pagaban por recuperar los restos de sus queridos que tragicamente quedaron esparcidos por el monte entre los hierros y las maletas, atendiendo la oferta, además de los vecinos, llego gente de otros municipios. El marido de doña Teresa participó en el rescate, las escenas en la montaña eran aterradoras. Resolvió contar un suceso que le causo curiosidad:
 -Mija, imagínese que encontraron unas turmas y dicen que son santas. Quedaron con todo y tranca.
Dias después se reporto la lista de los difuntos. Doña Teresa se dio cuenta que efectivamente el Obispo visito a Campo Alegre.
-Dios lo tenga en su gloria. Exclamo mientras sintió por primera vez un escalofrió.

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