Un salsaludo para el cantante.
Cantó como si fuera uno más de sus espectadores. En un escenario donde era único solo pudo ser comparado con el mismo. Cantaba al dualismo de la vida, risas y penas, una constante en su repertorio. Si falto algún sentimiento por trasegar en su voz, seguramente es porque no ha sido objeto de las ciencias del alma, maestro de las penas que duelen muy hondo, entendía como nadie el significado de los momentos malos y las cosas buenas. Su negocio era cantar en ese sentido sus mejores pregones eran para los del otro lado en él se quedaban las tristezas y los dolores.
Fue el rey de la puntualidad, pero la cogía suave porque existe, como para todo, el final. Con la gente, como hacha y machete, siempre firme. Esperando el día de su suerte soñó despierto y con Juanito, el todo poderoso y el Cheche Colé estuvo de murga no solo en panamá también en calle luna calle sol. Aunque ella le mintió, fue un periódico de ayer y va triste y vacía, el amor en el cantante no tuvo tamaño y en la ausencia la siguió esperando.
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