Ocaña- Norte de Santander, un lugar para morir o vivir en el intento.


Vía Cucuta- Ocaña
Los treinta y cinco mil pesos lo valen, mas aun, si se corona la silla de adelante, de copiloto. Desde ese lugar el viaje es diferente, al medio día es mejor, la luz del sol ilumina mas las cosas. Al chofer le gusta que le hablen, ninguno lo puede negar, solo hay que encontrar el tema de conversación. El de este viaje fue en torno a la muerte, casi nos estrellamos por la falta de responsabilidad de alguien que intentó sobrepasar a una tractomula, en curva después de una recta prolongada. Por poco nos remanga y nos pasan para el otro lado, afortunadamente el piloto hizo una como él comentó  después de varios segundos de silencio: a lo Shumager. Todo fue risa después del afortunado suceso.
Ocaña es hermosa. El frió al atardecer, el acento, la amabilidad, el costo del transporte, la comida, el vallenato, la hospitalidad y la noche que acompaña en las bancas del parque, hacen que cualquier amante de la buena vida vea en esa ciudad la posibilidad de un refugio. 
Está en el medio de un cinturón de municipios ricos en sus recursos naturales,  y paisajes que han alcanzado para saciar el alma de muchos hombres y mujeres (incluyendo poetas). Desde tiempo de reyes la fecundidad de su tierra la elevó a grado de provincia. Se ven montañas, múltiples verdes y se saluda a buena gente.


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